Aquí, ahora, en cada creación, late una historia.
Una historia que no comienza en el taller, sino en un hogar anterior. En un mueble que fue útil, amado, y después, olvidado.
Águeda Valle rescata fragmentos de ese pasado —puertas, baldas, patas, molduras— y los transforma en obras portables: bolsos que no se llevan, se heredan.
Cada pieza nace de un gesto de rescate. De ver en lo viejo un valor oculto. De intuir en la madera gastada una posibilidad de permanencia.
“Cuando supe dónde venía la madera de mi bolso, lo sentí aún más mío. Como si llevara algo que necesitaba ser recordado.”
Patricia C., Mérida
“No es un complemento. Es una conversación entre materiales que, de otra forma, habrían desaparecido.”
Sofía R., Zamora
Nada se repite.
Cada forma obedece al origen que la inspira. Águeda no impone: revela. La pieza se ensambla, se lija, se cura. El resultado no es objeto: es revelación.
También el interior cuenta: telas antiguas, forros rescatados, pasamanerías. La unión entre lo duro y lo blando, lo rescatado y lo intervenido, da lugar a una obra que no pretende ser perfecta, sino verdadera.
