Cada accesorio nace del deseo de no desperdiciar, de seguir viendo belleza donde otros ya no miran. Jeans rotos, mantelerías manchadas, cortinas descolgadas…
Diademas, delantales, coleteros. Piezas pequeñas con una presencia que trasciende su tamaño. Pensadas no para adornar, sino para acompañar. Fragmentos textiles que encuentran nuevo sentido más allá de su uso original.
“Una simple diadema me conectó con la mesa de mi infancia. El tejido era idéntico al de aquel mantel que mi madre usaba en los domingos importantes.”
Ana M., Salamanca
Aquí, lo pequeño no es menor.
Cada accesorio se construye con la misma atención, la misma técnica y el mismo respeto que una obra mayor. Porque el carácter no se mide en tamaño, sino en permanencia.
Son piezas pensadas para lo diario, lo cercano, lo que se repite. Pero eso no significa que se repitan. Cada accesorio es único: cambia según la tela, el corte, la historia de lo que fue antes.
Son piezas pensadas para lo diario, lo cercano, lo que se repite.
Pero eso no significa que se repitan. Cada accesorio es único: cambia según la tela, el corte, la historia de lo que fue antes.
“Me pongo el delantal cada día, pero no me canso. Es como si llevara algo con propósito.”
Lucía G., Don Benito
